julio 2012 ~ Palabralab

domingo, 29 de julio de 2012

Última sesión del e-Club de lectura de microcuentos

Esta semana de brevedad literaria a la que acompañan el cine y la música, inicia formalmente el día miércoles 1 de agosto con la presentación de la antología Ciudad Mínima y los 8 ganadores de la misma, en una velada en la que se proyectarán los cortos realizados por la productora Hidrante Verde, cortos que han sido adaptados de microcuentos de autores nacionales y extranjeros, y que la productora ha realizado durante el último año.

Antes de comenzar la semana breve, haremos el último twitcam dirigido por la escritora Solange Rodríguez Pappe (vía @adeljar) con dos microcuentos de los autores invitados: Ana María Shúa y Fernando Iwasaki.  Los esperamos el martes 31 de agosto a las 21h00 (Bog, Lim , Uio) para conversar sobre literatura.  Disfruten las lecturas.

La silla eléctrica
Fernando Iwasaki

Cuando me comunicaron la fecha funesta se apoderó de mí la angustia de los sentenciados, y desde entonces sólo pienso en el dolor, el ruido y la luz. Si el trámite fuera indoloro miraría desafiante a mi verdugo, pero el pánico me paralizará cuando contemple la obscena exhibición de sus instrumentos de tortura. Por eso debo conservar la escasa dignidad que me queda, porque no quiero que los demás condenados se consuelen con mi cobardía. ¿Qué importa lo que ocurra una vez que me siente en la silla maldita? Podré llorar, podré maldecir y hasta cagarme en la silla de los cojones, porque esos matarifes son muy escrupulosos con la limpieza. Pero en el corredor de la muerte no puedo permitirme ser débil, ya que aunque nos miremos distantes de reojo, por dentro todos pensamos en el dolor, el ruido y la luz. Tengo miedo, quiero huir y hago secretos propósitos de enmienda, pero todo es inútil porque dentro de un año estaré de nuevo aquí: en la consulta del dentista.

La mujer que vuela
Ana María Shúa

-Puedo volar- dice la mujer. Se la ve grande y cansada. Fue bella.
-Trapecista. Una genial trapecista – entiende el director del circo.
-No. Yo vuelo de verdad.
- ¿Con cables invisibles? ¿Con un sistema de imanes, como el mago David Copperfield?
-Usted no entiende. Como Superman.
La mujer alza el vuelo y da una vuelta completa alrededor de la carpa
-Una gran artista. Pero no es este su lugar, señora – el director es sincero y odia tener que rechazar a una gran artista –.  Este es un modesto circo de micro cuento. Estoy seguro que tendría mas suerte en una novela de realismo mágico. 



viernes, 6 de julio de 2012

Cuarta sesión del e-Club de lectura

El martes 10 de julio a las 21h00 (Bogotá, Lima, Quito) están nuevamente invitados a comentar la lectura del e- Club de cuentos y microrrelatos conducido por la escritora Solange Rodríguez Pappe y nuestra invitada será la periodista Ileana Matamoros.  El tema de esta sesión es la parodia.

Vamos con las lecturas.


Parodia uno: Parodia de biografía y abecegrama

Palabras parcas
Luisa Valenzuela

Abelardo, Arsaín, astuto abogado argentino, asesino agudo, apuesto, ágil aerobista acicalado. Atento. Amable. Amigo asiduo, afectuoso, acechante. Ambicioso. Amante ardiente, arrecho. Autoritario. Abrazos asfixiantes, ansiosos, asustados. Aluvión apagado, artefacto ablandado, apocado. Agravado. Altamente agresivo, al acecho. Abelardo Arsaín. Arma al alcance, arremete artero, ataca arrabiado, asesina. Atrapado. Absuelto: autodefensa. ¡Ay!

Parodia dos: Instrucciones.

Instrucciones para tener miedo
Julio Cortázar

En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere. En la plaza del Quirinal, en Roma, hay un punto que conocían los iniciados hasta el siglo XIX, y desde el cual, con luna llena, se ven moverse lentamente las estatuas de los Dióscuros que luchan con sus caballos encabritados. 
En Amalfí, al terminar la zona costanera, hay un malecón que entra en el mar y la noche. Se oye ladrar a un perro más allá de la última farola. 

Un señor está extendiendo pasta dentrífica en el cepillo. De pronto ve, acostada de espaldas, una diminuta imagen de mujer, de coral o quizá de miga de pan pintada. 

Al abrir el ropero para sacar una camisa, cae un viejo almanaque que se deshace, se deshoja, cubre la ropa blanca con miles de sucias mariposas de papel. 

Se sabe de un viajante de comercio a quien le empezó a doler la muñeca izquierda, justamente debajo del reloj de pulsera. Al arrancarse el reloj, saltó la sangre: la herida mostraba la huella de unos dientes muy finos. 

El médico termina de examinarnos y nos tranquiliza. Su voz grave y cordial precede los medicamentos cuya receta escribe ahora, sentado ante su mesa. De cuando en cuando alza la cabeza y sonríe, alentándonos. No es de cuidado, en una semana estaremos bien. Nos arrellanamos en nuestro sillón, felices, y miramos distraídamente en torno. De pronto, en la penumbra debajo de la mesa vemos las piernas del médico. Se ha subido los pantalones hasta los muslos, y tiene medias de mujer.

ENTREGA DE LIBROS (NVA.KENNEDY)

TALLERES (LOS CEIBOS)