lunes, 18 de enero de 2016

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Raúl Brasca: ‘‘Escribir sin leer, conduce más al balbuceo que a la pretendida originalidad’’

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Foto fuente: Andrés Neuman

Por Nubia Sandoval Zúñiga

Nació en Marcos Paz, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1948.  Raúl estudió ingeniería química pero las satisfacciones las recibe de su pasión por la literatura.  Sus cuentos, microcuentos y ensayos fueron publicados en revistas y suplementos literarios de Argentina, Brasil, Colombia, México, EEUU, España y Suiza, así como en diversas antologías.  Ganó dos veces el Certamen internacional de cuento brevísimo de la revista El Cuento de México en 1988 y 1997; en su país recibió premios de la Fundación Fortabat, el Fondo Nacional de la Artes y la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.  Escribe actualmente crítica literaria en el suplemento de cultura del diario La Nación y colabora en publicaciones de diversos países.  Fue miembro fundador y codirector de la revista literaria Maniático textual y se desempeñó como jurado y panelista en la Feria del libro de Buenos Aires.  Ha publicado una importante obra como antólogo, narrador y crítico literario, actividad que ejerce en el diario La Nación, además de ser considerado como uno de los mejores autores de microrrelatos del mundo hispano y como tal figura en las mejores antologías sobre el género.

Es en Latinoamérica sin lugar a dudas donde este género de prosas mínimas ha alcanzado mayor auge y, es también en esas latitudes donde mayor número de publicaciones especializadas en el cuento breve existen.  Ahora que en Ecuador comienza una mayor atención por parte de medios y público hacia este género de la brevedad, deberían establecerse mayores puentes de comunicación como Ciudad Mínima, para que este tipo de publicaciones pudieran llegar hasta los lectores ecuatorianos.

David Lagmsnovich les llama Microrrelatos; Violeta Rojo, Microficción; Lauro Zavala, Minificción.  De estos términos y otros que ha leído y que se usan para referirse a estas narraciones que cultivan lo mínimo ¿Cuál considera qué es el más apropiado?
Yo uso Microficción como sinónimo de Minificción porque el prefijo mini lo trivializa, lo hace muy doméstico, minifalda, minibacha todas cosas muy comunes, micro lo hace todo más científico, pero es una cuestión de preferencia Minificción y Microficción son lo mismo, Microrrelato no porque el Microrrelato se definiría como las Microficciones narrativas, el campo de la Microficción es más amplio, abarca toda ficción mínima que cumpla con ciertos requisitos y cuando esas microficciones son narrativas se llaman Microrrelatos.

El microcuento es una forma breve diferente al cuento, ¿cuál es la frontera entre los dos?
El Microcuento es un cuento cortito, es lo más breve que uno se puede imaginar pero sigue las reglas del cuento, por ello el Microcuento y el Microrrelato son distintos. El Microrrelato ya no es un Microcuento, para mí no cumple las reglas del cuento, el Microrrelato cumple con el silencio, las palabras están contadas para cargar lo que no se dice de significado, cargar el silencio que tiene el Microrrelato de significado,  en el Microrrelato no hay desarrollo en el cuento si lo hay, el Microrrelato no termina con una acción, termina muchas veces con una sugerencia y hasta con una conclusión, en el Microrrelato el final esta sugerido, en el cuento está dicho.

¿Cuáles son las bases para identificar a este género?, es decir, hoy se adjudica con mucha facilidad la etiqueta de microcuento a un texto solo por su extensión e incluso, se confunde al microcuento con el nanorrelato.
Las características de la Microficción en general es que se caracterizan por tener un silencio ocluido que no es ausencia, es un silencio que significa, las palabras escritas, lo explicito está dicho y calculado para cargar de significado ese silencio, la parte estructural de la microficción y la parte audible musical son las palabras, el silencio es la parte dinámica que salta a la mente del lector, ese silencio como no dice taxativamente tal cosa o tal otra libera muchas posibilidades por eso la que descubrió este tipo de textos, Dolores Koch dice que es polisémico además de hacer uso y abuso de la paradoja.

Andrés Neuman afirma en un decálogo sobre el microcuento que ‘‘El microrrelato necesita lectores valientes, que soporten lo incompleto’’, ¿cree que es así?
Creo que es así pero no usaría la palabra incompleto, en una antología dominicana que me mandaron el prologuista habla de cuentos incompletos, pero no son incompletos, el final es lo que no está pero es el lector quien lo pone, la última línea de un Microrrelato no es el final, la última línea habilita al lector, induce en la mente del lector la posibilidad de un final, y es él quien lo pone, no es que estén incompletos, es que son así.

Usted menciona que el microrrelato tiene mucha relación con Kafka porque, dentro de la cultura del siglo XX, él descubre unos textos breves, intensos y misteriosos. ¿A demás de él de donde proviene este género?
El sueño de Chuang Tzu como Microrrelato tiene 23 siglos, si vas a buscar el antecedente puedes remontarte a la antigua China, hay textos árabes por ejemplo El gesto de la muerte que también recoge Borges como que lo escribió Cocteau, él lo tomó la tradición árabe, entre los antecedentes están muchos y entre ellos está Kafka, como género la Microficción como la concebimos los latinoamericanos, es un género irónico que dice sin decir, tiene la sutileza de hablar entre líneas, apela a la complicidad del lector continuamente, un lector tonto no puede leer Microficciones porque no tiene la malicia suficiente como para completarlas, yo creo que el fundador fue Julio Torri mexicano, a principios del siglo XX en 1915, 1916 tiene un texto que se considera el texto fundacional que se llama A circe, pero tampoco prospero ahí, estuvo solitario Torri en ese momento, el comienzo verdadero a partir del cual tomó impulso y después se desarrolló es a mediados del siglo XX y es con todos los escritores que conocemos Arreola, Borges, Bioy Casares, Cortázar, Benedetti, Galeano y posteriormente otros, allí tomó impulso y se reconoció como genero a partir del trabajo de Dolores Koch en el año 1981.

‘‘Yo no elegí este género, él me eligió a mí’’.
Raúl Brasca nos cuenta que su pasión por este género nació espontáneamente cuando escribió su primer microrrelato como descanso en la tediosa corrección de un cuento. Por eso suele decir que, en él, el microrrelato nació como anticuento. Eso fue a mediados de los '80.

¿Cómo y desde cuándo nació su pasión por el microrrelato? ¿Por qué eligió este género?
Escribía cuentos largos, yo estaba corrigiendo un cuento largo, corregir es tedioso, estaba muy cansado y para descansar de la corrección escribí un Microrrelato y lo titulé Salmonios, como un juego, como un entretenimiento para descansar del cuento largo, pero me gustó y se lo hice leer a una escritora argentina muy prestigiosa y con otra gente que había ahí, ellos se quedaron perplejos porque es una cosa que empiezas a leer y se terminó a las cuatro línea, Liliana Heker me dijo ‘‘Esto es un cuento brevísimo, hay una revista mexicana que tiene un concurso permanente de esto, si quieres te busco la dirección y lo mandas’’. Mande tres y gané el concurso, eso fue en el año 88, después me publicaron un cuento largo y en el año noventa y pico envíe uno para que me lo publiquen pero lo metieron en el concurso y lo gané de vuelta. Mi primera antología fue en el año 96 y mi primer libro de cuentos en el 94.

¿Cómo llega un químico a la literatura? ¿Es posible aplicar alguno de esos conocimientos en su escritura? Mire que se dice que el microrrelato tiene una fórmula.
Siempre tuve temperamento artístico, quería ser músico pero mi padre no me dejó, le dije que quería estudiar química de investigación pero me dijo que si quería estudiar química era para fabricar algo que se vendiera y así seguí ingeniería química, fui ingeniero por mi papá pero después volví a lo que quería ser, necesitaba una manera de expresión, cuando joven tocaba el piano y luego empecé a escribir, cuando pasaba mucho tiempo que no tenía manera de expresarme me enojaba mucho, toda mi vida escribí, incluso de adolescente escribía poemas, a los diez años me publicaron un cuento en el periódico del pueblo, era un poema a mi perro, lo que me dio el estudio de las ciencias duras es un pensamiento sistemático, que me sirve para varias cosas, en primer lugar para la parte ensayística, todo lo que escribí sobre el Microrrelato fue porque estaba entrenado para pensar  y también sirve para organizar tus textos cuando escribes ficción. Soy ordenado adentro y desordenado afuera.

Usted organiza un festival de microficción en Argentina, ¿cuál es su motivación para promover este género?
Son las jornadas de Microficción que  realizamos en el festival todos los años, las venimos haciendo por siete años consecutivos, siempre he sido un fanático de este género tanto como autor que como difusor, he hecho doce antologías de Microrrelatos, he difundido mucho mediante mis antologías y cuando todo el mundo empezó a hacer antologías dejé de hacerlas y comencé con las jornadas de Microficción que reúne a los Microrrelatistas de todo el país y con los autores consagrados, casi todos los años está Ana María Shua y todos los años tenemos un invitado del exterior, una persona prominente de la Microficción extranjera.

Viene a Ecuador inmediatamente después de ser juez de un festival de microteatro, ¿qué futuro tienen las formas breves, es posible que sobrevivan a la moda?
Yo creo que tiene futuro, incluso desde hace muchos años, solo que por su extensión y por su carácter la forma de difusión es por aparatos electrónicos, al principio hasta se hacían por celular y después se difundió tremendamente por los blogs en internet, eso en cuanto la difusión lo que pasa es que esos medios son ideales para este tipo de relatos, por su picardía, su malicia y su sutileza esta la forma ideal de difusión, yo no creo que el auge es porque es cortito y solo le doy un vistazo rápido, la mayoría de personas todavía leen novelas de 300 páginas, los que leen microficciones es porque es un manera que los está expresando. Muchos creen que por ser poquito es fácil pero no es así.

En muchos de sus microrrelatos podemos ver que el diálogo entre textos y autores se convierte en el material del cuento además de que el juego con los textos se convierte en una verdadera dimensión meta-textual, al acto de la escritura y al de la lectura, apela a las competencias del lector, cuya enciclopedia tiene que coincidir con la de quien escribe: en el caso contrario, el cuento entero permanece opaco, inaccesible. ¿A qué se debe esto? ¿No le preocupa que no le vaya a gustar al lector lo que escribe, ya que muchas veces no tienen todo ese bagaje de conocimiento necesario para entenderlo?
Yo tengo mucho respeto por el lector, creo que por lo menos es tan inteligente como yo, que ha leído mucho y es una falta de respeto tratar de hacer cosas fáciles para que las pueda entender, yo sé que hay lectores que no lo van a poder entender, ¿para quién escribo?, yo escribo para lectores como yo, no escribo para ningún lector en especial, escribo lo que a mí me gustaría leer. Pero no me pasa solamente a mí esto, el género es un género intertextual que puede usar marco que es además una manera de alcanzar la brevedad, esos Microrrelatos a los que te referías Laura Zavala los llama dinocidios, creo que fue de los primeros en criticar El dinosaurio que es el arquetipo del dinosaurio, yo lo admiro como construcción pero no me impresiona leerlo, yo lo haría más largo.

La brevedad, lo fantástico y el humorismo se encuentran en una relación de atracción recíproca: si hacemos un rastreo en la historia literaria, nos damos cuentas de que mientras es muy difícil encontrar novelas que sean enteramente fantásticas o humorísticas, la micro-ficción, al obrar por condensación y concisión permite en cambio crear textos cuyo discurso es completamente fantástico y / o humorístico. ¿Cómo lo logra?
Hay cosas que convienen a determinado género, si quieres contar la segunda guerra mundial tienes que escribir una novela, todas las dualidades, los dobles sentidos, los juegos entre dos cosas, la imagen real, la imagen en el espejo, el mundo real en otro lugar de la realidad, el macro mundo y el micro  mundo, el soñador y la realidad, todas esas dualidades se prestan mucho para el juego y para desenlaces muy brillantes y muy ocurrentes, generalmente las cosas que se pueden decir resultan fantásticas. Hay un porcentaje mucho más alto de Microficciones fantásticas que en cualquier otro género.

Ciudad Mínima es un festival que le propone a los jóvenes y jóvenes adultos reencontrarse con el hábito de la lectura a través de la lectura de textos breves pero la brevedad es engañosa, leer un microrrelato necesita de lectores activos, es decir que se opone a la percepción de que se lee este género porque vivimos en una época apresurada.  ¿Cree usted que estas formas breves tienen que ver con la época o a qué respondería su auge?
Yo no creo que sea porque la gente no tiene tiempo y es breve, sino porque es la manera de presión que más se adecua a lo que el lector contemporáneo quiere leer, se adecua como forma por la ironía, sobre todo en Latinoamérica donde hemos vivido muchas dictaduras y nos hemos acostumbrado a hablar en clave y decir las cosas sin decirlas, eso se transmite a la literatura, no quiero decir que ese es el origen pero entre otras cosas es parte de la formación que tenemos. Los Microrrelatos españoles son distintos a los nuestros, tienen mucho menos silencio y son más explícitos.

El año pasado nuestro festival se dedicó a la fantasía y a la twitteratura y las personas se confundieron mucho con el término. ¿Existe la literatura en Twitter, se atreve a dar una definición de twitteratura?
En efecto existe literatura en Twitter, la Twitteratura son los Microrrelatos o Microficciones que tienen 140 caracteres o menos, en las jornadas hacemos un concurso de Microficciones en Twitter todos los años, a veces es temático y durante cinco horas las personas pueden enviar sus microrrelatos por Twitter, siempre fue a nivel internacional pero este último año con todas las restricciones para entregar el premio lo hicimos únicamente a nivel nacional. Sucede con Twitter, lo mismo que sucedió con el cuento en el periodismo. Horacio Quiroga tenía que adaptar la forma al espacio que le daban. Yo no soy tuitero, pero la microficción invade a todos los medios tecnológicos. Cuando apareció el celular, surgieron los cuentos pulgares: microficciones escritas como mensajes de texto.


La invitación realizada a Raúl Brasca a Ciudad Mínima le resultó maravillosa, nos confiesa que nunca había visitado el país y se lleva una grata impresión de Guayaquil y las personas que conoció aquí. Además aconseja a los nuevos escritores de este género que lean muchas microficciones, que aprendan los mecanismos usuales y los practiquen y que, luego, se propongan ver qué pueden hacer "a partir" de todo eso. Insiste en que la lectura es esencial. ‘‘Escribir sin leer, conduce más al balbuceo que a la pretendida originalidad’’.

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